Hamacas para tu bebé: ¿sí o no?

Te traigo un tema algo polémico y sobre el que hay poco consenso. Me gustaría hacerte reflexionar sobre este asunto y una vez estés debidamente informada, que sepas elegir y decidir cómo, cuándo y durante cuánto tiempo utilizar las hamacas para tu bebé.

¡Vamos allá!

Las hamacas son dispositivos muy útiles para utilizar cuando estés sola en casa y tengas que «dejar al niño» durante algunos momentos para hacer tareas tan básicas y vitales como ir al baño, vestirte, comer, cocinar, etc.

En estas ocasiones, las hamacas pueden resultar de gran ayuda, siempre que estos dispositivos sean seguros para el bebé y siempre y cuando se usen por un corto período de tiempo.

Otra ventaja es que se pueden trasladar al espacio donde estés realizando tu actividad y así tener al bebé controlado y, además, establecer contacto visual con él, juguetear, hablarle, etc evitando llantinas innecesarias.

No hay una edad mínima para poder utilizar la hamaca, sí unos límites máximos según la talla o peso del bebé, que suelen venir especificados en cada modelo. Sea cual sea la edad del bebé no es recomendable tener al bebé en ella más de media hora ni más de dos veces al día. Además, la hamaca solo debe ser una opción a elegir si el niño está despierto ya que no es seguro usarla con el bebé dormido.

Resaltar que las hamacas para el bebé pueden ser una opción interesante en niños diagnosticados con reflujo gastroesofágico por la posición más verticalizada de su tronco y cabeza.

Hay un amplio catálogo de tipos de hamacas en el mercado pero mi preferida es la de babybjorn, por su sencillez y con posibilidad de adaptación de la posición del niño de más horizontal a más vertical.

¿Por qué no debemos abusar de la hamaca?

Desde mi conocimiento y experiencia como fisioterapeuta pediátrica, creo que hay varios motivos de peso por los que no debes abusar de estos dispositivos:

  • Anatómicamente hablando el bebé no está bien posicionado ni muchas veces preparado para esa postura.
  • No tiene demasiado espacio ni libertad de movimientos para explorar su cuerpo y su entorno.
  • Está siempre en la misma postura y por lo tanto con presión en los mismos puntos de apoyo.
  • La hamaca tiende a fijar la posición del bebé (todavía con poco control postural) en un patrón flexor que puede dificultar su exploración innata o incluso la integración de algunos de sus reflejos primitivos.
  • También es frecuente que los bebés -que todavía no tienen control cefálico-, tiendan a dejar caer la cabeza hacia uno de los lados. Esta situación perpetuada en el tiempo puede llevar a tener plagiocefalias y/o torticolis infantil.
  • Se le obliga al niño a mirar en un campo visual muy amplio cuando ellos ni siquiera han aprendido a enfocar sus manos, por ejemplo. Esto puede hacer que ciertas habilidades visuales no se desarrollen adecuadamente.
  • Y principalmente: el tiempo que pasa jugando con cosas en sus manos en la hamaca, es el tiempo que debería pasar jugando con ellas en el suelo, boca arriba o boca abajo, para que su desarrollo motor sea el más adecuado.

¿Qué debes evitar si usas una hamaca?

  • Que tu bebé duerma en la hamaca. Si termina durmiéndose durante el ratito que le has dejado en la hamaca, trasládalo a la cama. Será más adecuado y respetuoso con su anatomía.
  • Ojo! Hay hamacas mecánicas que simulan los movimientos embrionarios, vibran o que producen otro tipo de movimiento. Estos estímulos recibidos por tu bebé de una forma continuada pueden confundir el sistema sensorial del niño y producir algunas alteraciones en su sistema vestibular. Por otro lado, el bebé necesita saber que ya ha nacido y requiere adaptarse gradualmente al ambiente exterior. Puede que ese efecto «mecedora» haga que el bebé no llore, pero estudia bien los pros y los contras antes de optar por un modelo de este tipo.

A modo de conclusión: ¿Es positivo o negativo el uso de la hamaca para tu bebé?

Las hamacas son un buen invento para ti como madre. Para dejar puntualmente y durante períodos cortos de tiempo a tu bebé mientras tú necesitas un respiro, un ducha, comer, etc.

Durante el tiempo que tu bebé esté en la hamaca, te recomendamos que no le pierdas de vista. Hay que vigilar que esté lo más simétrico posible, evitar que el bebé se duerma ahí o, por el contrario, que se mueva tanto que pueda volcar o caerse de la hamaca.

Y recuerda: ¡para el buen desarrollo de tu bebé, suele ser mejor opción el suelo que la hamaca!

Raquel Nolasco: Fisioterapeuta pediátrica.

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