Lavados nasales: qué son, para qué sirven y cómo y cuándo hacerlos.

Empieza el cole y empiezan los “mocos”… ¡Es casi matemático!

En este post te hablamos sobre la importancia de los lavados nasales, cómo ayudan a mantener la vía aérea superior permeable y algunos truquillos de cómo y cuándo hacerlos, ayudando así a promover la salud de tu hijo.

La nariz es el filtro más importante que tenemos a la hora de respirar: calienta, humidifica y filtra el aire que respiramos. Este filtrado se hace gracias a las vellosidades (o pelitos) que hay dentro de la nariz y gracias al moco. Juntos captan polvo y otras sustancias irritantes que es mejor no inhalar.

Fabricamos una considerable cantidad de mucosidad al día, pero gran parte de esta la tragamos sin darnos cuenta. Cuando hay un exceso (sea por cantidad o densidad) puede provocar el taponamiento de la nariz y esto incomoda mucho a la hora de respirar, hablar, comer, etc. Es aquí cuando los lavados nasales cobran importancia.

El lavado nasal es un gesto apto a todas las personas (niños o adultos) que tiene un beneficio claro y directo: ayudar a limpiar nuestras fosas nasales y destaponar nuestra nariz.

¿Cómo hacer un lavado nasal con suero?

Para el lavado nasal diario se recomienda utilizar suero fisiológico a 0,9% (ya sea a través de las monodosis de 5ml o a través de la jeringuilla de 5 o 10ml).

Con el niño sentado o tumbado de ladito, la cabeza levemente inclinada y flexionada, introduce el agua (suero) por el orificio que queda arriba, aplicando un flujo lento y continuo. Lo ideal es calentarlo un poquito antes, poniendo el vial o la jeringa entre tus manos. Repite del otro lado igual: introduce el suero por la otra fosa nasal y con la cabeza inclinada hacia el otro lado. ¡Hay que hacerlo suavemente!

En los bebés, que no saben sonarse ni aspirar el moco, la técnica es algo más compleja. Puesto que hay que fijarle para que no se mueva y, a veces, cerrarle la boquita justo tras introducir el suero. Además es probable que el bebé rompa a llorar al hacerle el lavado. No te asustes, es normal. Le estás haciendo algo incómodo y es su única manera de quejarse. El llanto, en estos casos, suele favorecer incluso a soltar más los mocos y que se desatasquen aún más las fosas nasales, así que no te preocupes en absoluto. Lo ideal es que un fisioterapeuta especializado te enseñe a hacerlo, pero ya verás como es muy sencillo.

¿Cuándo hacer los lavados nasales?

Es conveniente por la salud de tu hijo hacer dos a diario: uno al despertar y uno antes de dormir.

Si hay mucha congestión se podrán hacer a demanda y sobre todo antes de las comidas para disminuir la incomodidad de una nariz taponada a la hora de comer.

A tener en cuenta:

En niños no es recomendable usar soluciones salinas hipertónicas (auga con más concentración de sal) durante los lavados nasales porque pueden irritar más la mucosa y hacer que se produzcan más secreciones.

Si el moco está muy espeso y purulento es recomendable usarlas por ejemplo en una nebulización(vaporizamos las partículas de esta solución hipertónica que penetrará profundamente en las vías respiratorias y sus propiedades ayudaran a fluidificar y arrancar la mucosidad de los pulmones). El nebulizador es un aparato muy útil en niños con recidivas. En casos de patología de vías aéreas más graves o de otitis, si el médico lo considera, se puede añadir al suero algunos fármacos como mucolíticos, corticoides, etc, según la prescripción del pediatra.

Hay que tener cuidado con las presiones de algunos dispositivos presurizados ya diseñados para los lavados. Nuestra nariz está conectada con los oídos y no debes pasarte de presión pues podrías lesionar el oído.

El mismo cuidado hay que tener en cuenta con los aspiradores ¡Ojo con las presiones ejercidas!

Si el niño/a ya sabe sonarse la tarea es más fácil, y siempre se recomienda sonar las fosas nasales por separado.

Primero se suena una fosa nasal y luego la otra. Si el niño todavía no sabe cómo sonarse, después de administrarle el suero por cada orificio le puedes tapar la boca y pedirle que haga una inspiración profunda por la nariz (“como si quisiera oler las flores”) para hacer lo que se llama un barrido nasofaríngeo que acabará por tragar.

¡Cuidado con el uso continuado de los humidificadores de aire! La mucosa del niño se acostumbrará a una humedad que no es la real.

Hay que aprender a vivir con el moco sin agobiarse. Como hemos dicho arriba es una forma de defensa de nuestro cuerpo contra agentes patógenos.

Si la nariz de tu hijo está taponada, pero él presenta buen estado general y ningún signo de alarma, ¡tranquila! Hazle lavados y mantén su naricilla limpia y permeable. Seguro que así se queda solo en un resfriado.

Raquel Nolasco: Fisioterapeuta pediátrica.

Podemos ayudarte
1
¿Tienes una urgencia?
¿Tienes una urgencia?
Si tienes una urgencia, contacta con Tania. Si la urgencia es con tu bebé, escribe a Raquel. Estamos para ayudarte...